Otros tiempos
Tal como pasa con las palabras, las personas nacen, se desarrollan, algunas se resignifican y finalmente mueren. La diferencia entre las palabras y las personas está en que las palabras no tienen voluntad, mientras que quienes las usamos sí.
Recuerdo cuando estaba en la enseñanza básica y algunos de mis pequeños compañeritos decían que querían ser más grandes para tener más tiempo para jugar o para comer dulces hasta la saciedad. Tampoco olvido aquellos compañeros de secundaria que pensaban lo mismo, pero para fines más hedonistas, que prefiero no reproducir por ahora. Para qué decir en la universidad, varios fueron los colegas que me confesaron querer volver al colegio aburridos del sistema, bueno, ¿cómo es la cosa?, cuando eran niños anhelaban ser grandes y ahora grandes querían volver a su niñez. Para qué decir la infinita escala de historias similares que he escuchado ahora como profesional en la vida laboral.
Con el tiempo he podido comprobar que lo anterior no se aplica sólo al tiempo y más específicamente a la edad, sino también a los espacios, a los objetos, a las personas, entre otras. La evidencia está en la permanente queja de las morenas por querer ser rubias, de los rizados por tener el pelo liso, los casados por querer estar solteros, los solteros por estar casados, los que no tienen hijos por etc., etc., etc.
La invitación es a disfrutar con lo que tenemos, incluyendo la edad, la familia, los amigos, el pelo, en fin, y no quedarse en la persistente disconformidad con lo que si te pones a pensar, probablemente otros anhelen.
Recuerdo cuando estaba en la enseñanza básica y algunos de mis pequeños compañeritos decían que querían ser más grandes para tener más tiempo para jugar o para comer dulces hasta la saciedad. Tampoco olvido aquellos compañeros de secundaria que pensaban lo mismo, pero para fines más hedonistas, que prefiero no reproducir por ahora. Para qué decir en la universidad, varios fueron los colegas que me confesaron querer volver al colegio aburridos del sistema, bueno, ¿cómo es la cosa?, cuando eran niños anhelaban ser grandes y ahora grandes querían volver a su niñez. Para qué decir la infinita escala de historias similares que he escuchado ahora como profesional en la vida laboral.
Con el tiempo he podido comprobar que lo anterior no se aplica sólo al tiempo y más específicamente a la edad, sino también a los espacios, a los objetos, a las personas, entre otras. La evidencia está en la permanente queja de las morenas por querer ser rubias, de los rizados por tener el pelo liso, los casados por querer estar solteros, los solteros por estar casados, los que no tienen hijos por etc., etc., etc.
La invitación es a disfrutar con lo que tenemos, incluyendo la edad, la familia, los amigos, el pelo, en fin, y no quedarse en la persistente disconformidad con lo que si te pones a pensar, probablemente otros anhelen.
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